espués de los fantasmas de la Casa Blanca, una de las historias de fantasmas más famosa y popular de tiempos recientes es la llamada de los
Fantasmas del Vuelo 401. Bob Loft era el piloto del vuelo 401 de las
«Eastern Airlines» en el viaje de Nueva York a Miami del 29 de diciembre de 1972. Aquella noche, el avión se estrelló en las Everglades y hubo más de 100 muertos, entre ellos el propio Loft y el mecánico
Dan Repo. Se practicó una investigación y se declaró oficialmente que el accidente se había debido a una combinación de un fallo mecánico y un error del piloto. Después de la investigación, se recogieron partes del aparato siniestrado para ser empleadas en otros aviones de la
«Eastern».
Poco después, empezaron los rumores. Pilotos y tripulantes en diversos vuelos de la
«Eastern» dijeron haber visto los fantasmas de Loft y Repo, sobre todo a bordo del avión
«Número 318». En algunos de los primeros incidentes, miembros del personal auxiliar encontraron que la cocina donde se preparaban los alimentos estaba anormalmente fría. Otros tuvieron la fuerte impresión de que había alguien más con ellos, cuando en realidad no había nadie. Entonces llegó un ingeniero para hacer la inspección previa al vuelo y vio un hombre en uniforme de segundo oficial de la
«Eastern». Inmediatamente reconoció a su viejo amigo, Dan Repo, que le dijo que no se preocupase de la inspección, pues él la había hecho ya. En otro vuelo, el fantasma del capitán Loft fue visto por un piloto y dos auxiliares. En ocasiones, Repo o tripulantes
no identificados eran vistos a través del cristal del ascensor de la cocina inferior... y se desvanecían antes de que se abriese la puerta.
Una investigación informal en los almacenes fue dificultada tanto por la renuncia de los empleados a hablar, como por la falta de una serie de Diarios de vuelo del avión. Pero los investigadores tuvieron en definitiva conocimiento de un hecho sorprendente. Muchas partes salvadas del Vuelo 401 fueron más tarde empleadas en el avión «Número 318».
ugh McDonald McLoed fue nombrado capitán cuando
tenía diecinueve años, pero el siniestro número «7» pareció ser la cifra dominante en su vida. Y es justo que así fuese, pues era el séptimo hijo de un séptimo hijo. Procediendo de una familia de marinos, McLoed tenía dos hermanos que eran también capitanes. En realidad, el 7 de diciembre de 1909, sus hermanos emprendieron un viaje como capitán y primer piloto del vapor
Marquette & Bessemer Nº 2, con rumbo a Port Stanley, Ontario. Pero el barco no terminó su viaje. Desapareció con toda su tripulación. Cuatro meses más tarde, el 7 de abril, Hugh recibió la noticia de que su hermano
John había sido encontrado encerrado en el hielo del río Niágara. El 7 de octubre de 1910, el cuerpo de su otro hermano fue lanzado a la playa de Long Point.
Cuatro años más tarde, el 7 de abril de 1914, el capitán McLoed, a la sazón patrón de un buque de carga llamado
John Ericsson, estaba remolcando una gabarra en el lago Huron. La niebla era tan densa que no podía ver la embarcación que remolcaba, la
Alexander Holly. Pero por fin avistó la bandera de la Holly ondeando a media asta. Detuvo su barco y tiró del cable del remolque, y entonces se enteró de que el patrón de la gabarra había caído por la borda el día anterior.
No es de extrañar que McLoed se retirase al fin el 6 de diciembre de 1941, el mismo día en que los japoneses bombardearon Pearl Harbor, el 7 de diciembre, por el cambio de fecha según el meridiano.
n los días finales del siglo XIX, un australiano llamado
Frank Melbourne llegó a Estados Unidos, anunciándose como un profesional de conseguir que lloviese. Montó una cerca de lona en torno de un área de 3,5 metros cuadrados donde haría las mezclas de su fórmula secreta. Muy pronto se alzaron unos humos a través de una chimenea de 12 m de altura, que escaparon hacia la atmósfera.
Naturalmente, la de Melbourne no era una idea nueva. Acostumbrados a saber que las lluvias siempre seguían a los incendios forestales, los chamanes provocaban grandes incendios en tiempos de sequía. Incluso los soldados de la guerra civil de Estados Unidos aceptaban la lluvia como una consecuencia natural de la batalla, y se referían a ellas como «tormentas de batalla». Las nubes de humo de los cañones que se alzaban al cielo, según sabían por experiencia, se veían muy pronto seguidas de nubes de lluvia. Tal vez fuese sólo una coincidencia, pero quizá no.
En 1891, los granjeros de Goodland, Kansas, contrataron colectivamente a Frank Melbourne para que hiciese cesar la sequía y, cuando éste comenzó con su rutina, no habían llegado a ver una nube desde hacía muchos días. Pero, cuando el humo creado químicamente por Melbourne llenó el aire mediada la tarde, comenzaron a presentarse unas nubes densas y oscuras. Aquella noche, los granjeros permanecieron regocijados de pie bajo el aguacero.
Al año siguiente, los efectos del milagro de Melbourne no fueron necesarios. Se presentaron abundantes lluvias. Por lo tanto, ya no se volvió a oír hablar del hacedor de lluvias australiano, que se había marchado a África. Sin embargo hubo en su sitio otros impetradores de la lluvia. El espectacular método de
C. B. Jewell de producir lluvia incorporaba una carga de dinamita atada a un pequeño
globo elevado desde 150 a 300 m en el aire, donde se detonaban los explosivos por medio de un cable telefónico. Entretenía al público con sus fuegos artificiales y satisfacía a los campesinos que le contrataban con grandes chubascos.
Sin embargo, el más conocido hacedor de lluvias fue Charles Mallory Hatfield, que durante toda su vida había tenido gran interés en provocar lluvias, llevando a cabo sus propios experimentos después de leer el libro de
Edward Powers, en 1871, referente a la «ciencia de la pluviocultura», que atrajo tanto interés que incluso el Congreso de los Estados Unidos consiguió dinero, en 1891, para investigar la teoría de Powers de que la lluvia podía lograrse a través del cielo por métodos científicos.
En 1902, Hatfield era un hacedor de lluvia a jornada completa, construyendo grandes depósitos de madera, que reposaban sobre
fuertes patas, para que los depósitos estuviesen a unos 4 m por encima del suelo. También él empleaba productos químicos, introduciéndolos en los depósitos, revolviéndolos y mezclándolos, añadiendo agua y bastantes litros de ácido, cubriendo muy bien el depósito con una tapa de madera. Al cabo de unos veinte minutos, alzaba la tapa y el mefítico vapor escapaba a la atmósfera. En veinticinco años, consiguió quinientos encargos para hacer llover en el área de Los Ángeles, con unos costes desde 50 a 10.000 dólares. En un experimento, convino en llenar el embalse del lago Hemet, produciendo 12 cm de lluvia y logrando elevar el nivel del agua del embalse en unos 7 m. Sin embargo, el mayor y más caracterizado éxito de Hatfield tuvo lugar en el desierto de Mojave, donde produjo 100 cm de lluvia en tres horas.
al vez el aspecto más extraño del ya confuso fenómeno OVNI lo constituyen los personajes semidiabólicos conocidos como
MIB
o Men in Black (Hombres de Negro). El primer informe sobre MIB en la ufología moderna procedió de
Albert K. Bender, un adolescente entusiasta de los OVNIs que dirigió la Oficina Internacional de Platillos Volantes y publicó el boletín de noticias de la oficina,
Space Review. Bender sostuvo que, en septiembre de 1953, se le acercaron tres hombres vestidos de negro, que le dijeron que debía abandonar sus estudios sobre los
OVNIs si quería estar a salvo. Bender renunció efectivamente a su carrera de ufólogo, pero el fenómeno MIB prosiguió. Así, por ejemplo, el investigador de
OVNIs y autor, John Keel, ha hablado con numerosos testigos oculares que sostenían haber sido abordados por entes MIB similares.
Algunos aspectos raros del fenómeno MIB salieron a la luz cuando las declaraciones fueron estudiadas por el folclorista
Peter Rojcewicz. Por ejemplo, observa Rojcewicz, los MIB «visten a menudo trajes negros que pueden parecer manchados y descuidados o extraordinariamente limpios y sin arrugas. En ocasiones, andan con movimientos muy extraños, como si tuviesen junturas giratorias en las caderas, y con el torso y las piernas moviéndose desacompasadamente. Algunos muestran preferencias por los
"Cadillacs" u otros coches grandes y oscuros. Algunos MIB tienen el cabello muy raro, como si hubiese crecido de manera desigual después de ser recientemente cortado. Casi todas las razas y complexiones, dice, han sido descritas, predominando las facciones
asiáticas».
Los motivos de los MIB siguen siendo confusos, aunque con frecuencia parecen mostrar interés especial en recobrar datos sobre los
OVNIs y advertir a los testigos que no deben intervenir más en el asunto. «Pueden presentarse en la casa o en el lugar de trabajo del testigo -dice Rojcewicz- y pedir fotografías o negativos de los
OVNIs antes de que aquél haya dicho públicamente que las posee.» En varias de estas ocasiones, los MIB se hicieron pasar por agentes del servicio de información militar.
De dónde vienen los MIB y adónde irán después de haber hecho sus diabluras, es un enigma. Sin embargo, sabido es que su presencia enturbia más las aguas hechas ya confusas por los
OVNIs.
oco después de la Revolución Americana, cuando las tierras al oeste del Mississippi eran todavía reclamadas por España e Inglaterra, un grupo de inspección inglés visitó un campamento de
indios mandán en lo que es ahora Missouri. Cuando el oficial que tenía el mando habló con su ordenanza en galés (ambos eran galeses), se asombraron de que un indio que estaba cerca interviniese de pronto en la conversación. Por lo visto, los dos rostros pálidos hablaban la lengua del indio. Empezaron a comparar palabras y encontraron que la lengua mandán era aproximadamente un 50 por ciento galesa. (Inglés:
bread, paddle, great, head, etc. Mandán:
bara, ree, ma, pan, etc. Galés: barra,
ree/rhwyf, mawr pen, etc.)
Además, muchos de los mandán no se parecían a las otras tribus indias. Tenían los ojos azules y su piel era de un color menos oscuro que la de los otros indios. Las mujeres mandán, «extraordinariamente bellas», gustaron especialmente a los exploradores británicos.
Entonces el oficial inglés recordó que un príncipe Madoc de Gales se había hecho a la mar en 1170 con su séquito, con rumbo al Oeste, hacia el océano desconocido. ¿Era posible que él y sus acompañantes hubiesen llegado al Golfo de México y remontado el Mississippi, y se hubiesen quedado allí?
Algún tiempo más tarde, la mayoría de los mandán, incluidos los viejos «narradores» y «recordadores» fueron aniquilados por una epidemia traída por los blancos. Los pocos supervivientes fueron absorbidos por otras tribus. Las probabilidades de descubrir un día por qué hablaban galés los indios mandán son muy escasas, ya que todos los mandán de pura sangre han desaparecido.
ilbert
Murray, acreditado profesor de griego de la Universidad de Oxford, tenía también dotes metapsíquicas y era muy aficionado al estudio de los fenómenos paranormales. La mayoría de sus experimentos no los realizaba en un laboratorio, sino en su casa y a modo de juego. En una demostración típica, una de sus dos hijas,
Agnes Murray y Mrs. Arnold Toynbee, elegía un tema y a veces lo comunicaba a los invitados cuando su padre había salido de la habitación. Entonces volvía él, se concentraba un momento y revelaba sus impresiones. Docenas de estas pruebas fueron realizadas con éxito asombroso.
Por ejemplo, en una sesión, Mrs. Toynbee pensó en una escena de una obra de
Gustav Strindberg. Un caballero sentado junto a una torre se ha desmayado y su esposa desea que esté muerto.
Cuando volvió a entrar el profesor Murray en la habitación, sintió inmediatamente que se trataba de un tema literario. «Esto es de un libro, un libro que no he leído -empezó diciendo-. No, no es ruso; ni italiano. Es sobre alguien que se ha desmayado. Es horrible. Creo que alguien se ha desmayado y que su esposa o alguna mujer desea que esté muerto. No puede ser de Maeterlink..., creo que lo he leído todo. ¡Oh, es de Strindberg!
Durante el curso de otro experimento, Mrs. Toynbee pensó en dos mutuos amigos que estaban bebiendo cerveza en un café de Berlín. El profesor Murray, no sólo sintió inmediatamente que se trataba de un bar, sino que nombró a las dos personas elegidas por su hija.
Estos experimentos informales pero impresionantes se realizaron en la casa de Murray durante muchos años, desde 1910 hasta 1946. Algunos escépticos creen que el profesor Murray tenía probablemente un sentido muy agudo del oído y, simplemente, escuchaba lo que decían sus hijas a los invitados sobre las pruebas. Pero esta teoría no puede explicar los aciertos del profesor Murray cuando los temas eran creados mentalmente y no explicados a los otros espectadores.
uando el astrónomo italiano
Giovanni Schiaparelli descubrió una rejilla de líneas sobre la superficie de Marte, en 1877, lanzó la
teoría de que los canales, tal y como los denominó, habían sido creados por los habitantes del planeta rojo, como algún tipo de sistema de irrigación para conservar su menguante suministro de agua. Más tarde, algunos observadores creyeron que, en lugar de eso, las líneas podían ser pistas seguidas por rebaños de animales marcianos migratorios.
Muchos otros, en particular hoy, sugieren que los llamados canales son en realidad lechos secos de ríos. En efecto,
se ha confirmado existe todavía hielo en la superficie de los polos del planeta. Pero hasta que los viajeros espaciales sean capaces, físicamente, de explorar el planeta, la explicación de los canales marcianos continuará siendo un misterio.
urante sus investigaciones en la abadía de Glastonbury, en 1907, antes de su eventual excavación,
Frederick Bligh-Bond quedó frustrado en sus intentos de localizar los antiguos emplazamientos de dos capillas en particular que se mencionaban en muchas descripciones anteriores. Dado que habían fracasado todas las demás alternativas, el arquitecto y arqueólogo británico consideró el empleo de la escritura automática para propiciar la ayuda del mundo espiritual.
Uno de los más famosos lugares históricos de Inglaterra, la abadía de Glastonbury se afirma que existía ya durante la vida terrena de
Jesucristo. Según la leyenda, Cristo mismo había visitado aquel enclave religioso. Algunos reyes, incluyendo, según creencia de muchos, a
Arturo, habían sido enterrados en su capilla. En 1086 se convirtió en un santuario y en objeto de peregrinaciones. Sin embargo, durante el reinado de
Enrique VIII, la abadía fue destruida, una de las consecuencias de las batallas del rey con la Iglesia católica. Llegado el momento, los restos de la maciza estructura se derrumbaron hasta que, al fin, no quedó nada de su antigua magnificencia.
Aunque Bligh-Bond planeó inicialmente sólo un experimento en escritura automática para localizar las capillas, llamó a un amigo, a un tal capitán
Barlett, muy ducho en producir mensajes escritos procedentes de entidades del más allá. De modo sorprendente, los «espíritus» se mostraron propicios ante el apuro de Bligh-Bond. Muy pronto comenzaron a verter una información increíblemente detallada acerca de la localización y medidas de las capillas de la
abadía. Además, los comunicantes se identificaron como antiguos ocupantes de Glastonbury, en su mayor parte monjes. Sin embargo, por lo menos uno había vivido allí miles de años antes de la construcción de la actual abadía y describió los apoyos para el techo de una cabaña que él había diseñado y que fue más tarde encontrada por los obreros de Bligh-Bond. Cada comunicador respondió a preguntas particulares en lo tocante a su propia ocupación en la abadía.
Empleando la información facilitada por los espíritus, Bligh-Bond excavó la zona en torno del antiguo lugar de la abadía. Excavaciones subsiguientes demostraron que todos los detalles eran correctos, incluso exactos hasta fracciones de centímetro. Las autoridades no tuvieron la menor duda de que los descubrimientos de Glastonbury eran de lo más legítimo. No obstante, cuando
Bligh-Bond reveló cómo los había localizado, perdió gran parte de su credibilidad. Aunque las excavaciones continuaron, Bligh-Bond fue apartado, en 1922, del proyecto. Diez años después, en su libro
La puerta del recuerdo, no sólo escribió acerca de los mensajes recibidos, comprobados por las excavaciones, sino que también reveló otras descripciones de la abadía que más tarde se vieron asimismo confirmadas.
n Haití, la mezcla de las religiones africanas y el catolicismo europeo ha dado como resultado una curiosa amalgama espiritual conocida como
vudú. Los loas, o dioses, imbuyen a los sacerdotes en particular, con unos poderes especiales que les permiten reanimar presuntos cadáveres y convertirlos en los autómatas sin mente llamados
zombies.
Algunas de las manifestaciones más sorprendentes de los zombies son resultado del amor o de la venganza, que desempeña los papeles más importantes en la práctica del vudú. En un caso registrado, un sacerdote vudú, o
houngan, intentó poseer a una joven que iba a casarse con otro hombre. Ella rechazó los avances del
houngan, y al enfurecido sacerdote se le escuchó musitar maldiciones y amenazas cuando se separó de la compañía de la mujer. Al cabo de unos días, la mujer cayó misteriosamente enferma y murió. Cuando se preparó el cadáver para el entierro, su cabeza tuvo que ser torcida un poco para que encajase de manera apropiada en el ataúd. Y también alguien inadvertidamente le quemó los pies con un cigarrillo.
No mucho después del funeral, se rumoreó que la mujer había sido vista con el mismo
houngan al que previamente rechazara. Sin embargo, no hubo pruebas concretas y no se siguió la pista respecto de la posibilidad de que siguiese viva. Luego, años después, la mujer muerta regresó a su hogar y contó a la familia que la había convertido en una zombie el sacerdote del vudú, pero que fue liberada cuando el
houngan se arrepintió. Fue identificada de manera concluyente por la cicatriz dejada por el cigarrillo aplastado contra su pie y por su cuello inclinado de manera permanente tras haberla metido en el féretro.
l reverendo
J. A. L. Singh había oído muchos relatos acerca de hombres-bestia que se contaba que vivían entre los lobos. Y los lobos, según contaba la gente, hacían sus madrigueras en los montículos abandonados de los nidos de las termitas. Después de que el mismo Singh viera a una de esas criaturas, decidió investigar más, regresando al lugar con un equipo contratado para excavar en el montículo. No pasó mucho tiempo antes de que varios lobos escapasen de su amenazada madriguera. Uno de ellos atacó al equipo, que disparó contra él matándolo. Sin embargo, una vez desaparecieron los lobos, el equipo continuó cavando hasta que realizaron un intrigante descubrimiento: muy en el interior del montículo encontraron dos niñas humanas, una de unos dos años de edad y la otra, aproximadamente, de ocho años. Las dos niñitas se hallaban junto a dos lobeznos como si todos ellos fuesen crías.
Singh se llevó a las niñas, a las que llamó Kamala y Amala, al orfanato que administraba en Midnapore, India. Las niñas salvajes andaban sobre sus manos y pies, como si fuesen animales de cuatro patas. Aullaban y sólo comían carne. Y la vida civilizada resultó fatal para ellas. Amala, la niña más pequeña, murió menos de un año después de que fuesen rescatadas de los lobos.
Al cabo de nueve años, Kamala, tras haber aprendido a andar erguida y siendo capaz de pronunciar unas cuantas frases, también murió.