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abemos que la mente puede crear sus propios fantasmas. Pero, ¿qué decir de su capacidad de proyectar estas imágenes al mundo exterior, fuera de los limites del cerebro? ¿Dónde termina una cosa y empieza la otra? Más importante aún, ¿qué sucede cuando la proyección mental adquiere vida propia?

La extraña experiencia de Madame Alexandra David-Neel nos da una prudente respuesta y un aviso. David-Neel, que vivió ciento un años, fue una de las muchas aventureras del Imperio británico que se enfrentó sola al misterioso Oriente y dejó a menudo relatos de sus viajes.

David-Neel no solamente viajó mucho por el Tibet primitivo del siglo XIX, sino que estudió asiduamente la religión y las enseñanzas de los lamas budistas con quienes convivió. Su rito más difícil era la creación de lo que los tibetanos llamaban un tulpa, o fantasma generado por la mente. Los lamas le advirtieron que aquellos «hijos de nuestra mente» podían a veces volverse peligrosos e incontrolables, pero David-Neel insistió.

Se recluyó a solas y empezó a concentrarse, habiendo elegido para su tulpa la imagen de un monje bajo y gordo, «de aspecto inocente y alegre». Su éxito fue sorprendente y pronto trató a su nuevo «compañero» como un invitado humano en sus apartamentos.

Cuando David-Neel salió a caballo para una aventura más el monje etéreo la acompañó. Ella se volvía sobre la silla y miraba por encima del hombre al tulpa, que realizaba «diversas acciones propias de los viajeros reales y que yo no le había ordenado».

Como prueba de su éxito, otros de la comitiva empezaron a ver al monje y a confundirle con un ser viviente. Entonces, el tulpa adquirió un aspecto peor. Sus facciones asumieron una expresión maliciosa y burlona. Pero cuando David-Neel tomó la decisión de prescindir del monje, su eliminación resultó casi tan difícil como su creación. En Magic and Mysteri in Tibet, refiere los seis meses de lucha que tuvo que sostener antes de que se desvaneciese al fin su porfiado tulpa.

«No hay nada extraño en el hecho de que pudiese crear mi propia alucinación», concluyó David-Neel. El punto más interesante es que, en estos casos de materialización, otros ven las formas ideales que han sido creadas.
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